Liderazgo Inclusivo

teamwork

Todos en algún momento hemos escuchado estas palabras o hasta nosotros mismos las hemos repetido: “Aquí yo soy el que manda”, “yo soy el líder”, “ yo decido lo que se hace”. Si dicho líder busca inspirar a su equipo, estas palabras son más bien un ejemplo de cómo no inspirar a un equipo. 

La manera, la forma y las palabras con las que transmitimos planes, estrategias o ideas pueden motivar e inspirar a un equipo, o pueden convierte en una imposición y en abuso. Abuso, porque se hace “uso” de un grupo de personas para que “hagan lo que se les ordena”. 

Un liderazgo vertical no toma en cuenta las habilidades de su equipo, ni su nivel de análisis. En otras palabras, no le interesa escuchar lo que probablemente tienen que decir. “Los líderes que no saben escuchar, pronto estarán rodeados de gente que no tiene nada que decir.”

“HAGAMOS” ES MEJOR QUE “HAGAN”

Cuando aprendemos como líderes a guiar a un equipo, entendemos que la posición del que guía no esta atrás del equipo, sino que este es quien va adelante mostrando primeramente con el ejemplo cómo hacer las cosas y cuáles son las actitudes requeridas para dicha labor. Eventualmente debe llegar a conocer y saber cuándo es el momento ideal para dejar solo al equipo con el fin de que ellos mismos hagan uso de su creatividad, talento y habilidad para desarrollar dicha labor. 

SIEMPRE ES MEJOR INCLUIR A OTROS 

“El verdadero líder sabe rodearse de gente más capaz e inteligente que el”. Muchos líderes cuando comienzan a estar rodeados de gente inteligente y capaz se sienten amenazados en su autoridad y pronto desarrollan un celo de cuidar lo que creen que es de ellos y finalmente terminan rodeados de gente que carecen de una amplia capacidad de análisis y por ende su habilidad de discusión es nulo, por lo tanto las famosas reuniones de trabajo llegan a convertirse en reuniones en donde solamente el “líder” es quien habla y dicta los pasos a seguir en el desarrollo de las ideas. Los demás solo están para hacer lo que se les pide, y nada más.

Cuando un líder sabe traer a la mesa las mentes más brillantes, esta asegurando la durabilidad de la organización, pues esta no esta condenada a depender solo de el como el súper héroe, sino que existe una mesa con las mentes más privilegiadas que velan por el futuro de dicha organización.

Cuando el líder aprende a incluir a otros, el vocabulario del equipo cambia y en lugar de decir “el jefe lo quiere así” dicen “con nuestro esfuerzo esta estrategia puede funcionar” pues el equipo comienza a desarrollar un sentido de pertenencia y ya no son más las ideas de otros sino que se convierten también en sus ideas. 

Aprendiendo a Obedecer a la Primera Oportunidad que Tenemos

baby using headphones

Deuteronomio 28:13 (PDT) | “El Señor te hará ir a la cabeza, no al final; siempre estarás en la cima y no en el fondo. Esto sucederá si tú escuchas los mandamientos que el Señor tu Dios te manda hoy y los obedeces cuidadosamente.”

Recientemente me reuní con un pastor amigo mío, Chris García, pastor general de Ekklesia Miami y entre nuestro saludo me preguntó sobre que tal se encontraba mi familia, me dijo que había visto que nuestro hijo estaba ya bien crecido. A su pregunta le respondí que estábamos muy bien y disfrutando de un tiempo hermoso como familia, pero que además teníamos el compromiso de criar a nuestro hijo de la mejor forma que nos fuese posible. Le comenté que ahora mismo estábamos trabajando en enseñarle a obedecer a la primera vez que le decimos algo, que no es necesario y que tampoco necesita esperar a que le digamos algo dos o tres veces para obedecer. Les confieso, que no es y que no ha sido fácil, pero estamos comprometidos en la educación de nuestro hijo.

En mi conversación con el pastor Chris recordé cómo me tocó a mi aprender a obedecer a la primera vez que se me daba una orden. Tenía quizás como diez años cuando en una ocasión mi papá me dijo que hiciera algo, recuerdo haber escuchado y también recuerdo no haber actuado rápidamente por lo que mi papá me volvió a repetir una segunda vez, y de nuevo no obedecí, así que me acuerdo bastante bien que no hubo una tercera vez, pues lo que vino después fue una tunda de parte de mi papá y una advertencia que jamás mi espalda y yo olvidamos. El me dijo: “No tengo que repetir dos veces una misma cosa, tienes que aprender a escuchar y obedecer a la primera vez”. ¡Ha! desde entonces nunca olvidé ese sabio y doloroso consejo de mi viejo.

LA DIFERENCIA ENTRE OIR Y ESCUCHAR
Muchos solamente saben oír y no escuchar. Aunque ambas palabras nos parecen un sinónimo, la verdad es que hay una gran diferencia entre ellas. Oír es tan solo percibir sonidos y ruidos, pero no necesariamente identificar de donde proviene o que significan. Escuchar, es identificar qué genera o provoca dicho sonido y cuál es su significado, por qué razón el sonido esta siendo emitido.
Necesitamos aprender a escuchar, no basta con oír. Conocer la diferencia entre ambas condiciones entre muchas cosas puede hasta llegar a salvar nuestras vidas. Por ejemplo si un piloto de avión mientras pilotea su nave entre las nubes y de repente se llegase a escuchar una alarma dentro de la cabina, el prestar atención y conocer el motivo de la alarma puede no tan solo salvar su vida, sino también la de los cientos de personas que viajan en ese vuelo.

Para concluir con nuestra reflexión, mi amigo, el pastor Chris me dijo que ellos también habían estado trabajando como familia con sus hijos la necesidad de aprender a escuchar y a obedecer a la primera vez por lo que me contó una anécdota y me dijo: tenemos una amiga que tiene su casa justo al lado de una autopista y en una ocasión su hija pequeña se salió de la casa e iba rumbo a la calle, cuando su mamá se percató corrió para poder alcanzarla pero justo en ese momento logró ver que un camión venia a toda velocidad, supo que no llagaría a tiempo para detener a que su hija cruzara la calle, así que le gritó y le dijo: ¡Janeth detente! Y la niña, sin esperar una segunda vez, se detuvo justo a la orilla de la calle sin cruzar y en ese mismo instante el camión pasó frente a ella. La madre de Janeth le dijo a Chris: “Chris, si nosotros no le hubiésemos enseñado a nuestra hija a obedecer a la primera vez, hoy nuestra hija ya no estaría con vida.”

Saber escuchar y obedecer pueden salvar nuestras vidas físicas, y también nuestras vidas espirituales si tan solo aprendemos a escuchar y a obedecer la voz de Dios a la primera vez que nos habla.

 

Seis Consejos para el Servicio en el Ministerio

Biblia sobre pulpito

Recientemente graduamos a veinte estudiantes de nuestra escuela de música y es costumbre que en dicha ceremonia de graduación deba dirigirme a los graduados y compartir con ellos algunos consejos que pueden servirles en su labor ministerial. En aquella ocasión compartí con nuestros alumnos cinco consejos, pero al escribir estos pensamientos hoy surge un consejo mas, así que aquí comparto estos seis consejos ministeriales que los extraemos de las palabras que Jesús dio a aquellos setenta discípulos que envió de dos en dos a todo lugar que El pensaba ir y visitar.

Lucas 10:1-5 (NVI) |“Después de esto, el Señor escogió a otros setenta y dos para enviarlos de dos en dos delante de él a todo pueblo y lugar adonde él pensaba ir. Es abundante la cosecha —les dijo—, pero son pocos los obreros. Pídanle, por tanto, al Señor de la cosecha que mande obreros a su campo. ¡Vayan ustedes! Miren que los envío como corderos en medio de lobos. No lleven monedero ni bolsa ni sandalias; ni se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa, digan primero: “Paz a esta casa.”

1. TEN CUIDADO DE QUIEN TE ACOMPAÑA
Jesús envió a setenta de sus discípulos de dos en dos.
Mi abuela lo decía de esta forma: El que con lobos anda, aullar aprende.
Es muy importante que sepamos y tengamos cuidado de quienes nos hacemos acompañar. Estemos conscientes o no, aquellos que nos rodean y caminan a nuestro lado ejercerán influencia sobre nosotros y el efecto de esa influencia dependerá totalmente de la calidad de esas personas que nos acompañan.

2. HAY MUCHO POR HACER
Jesús dijo a sus discípulos que la cosecha era mucha y que los obreros eran pocos.
Dios nunca llama a quienes no tienen nada que hacer, El siempre busca gente dispuesta, no vacantes.
Definitivamente hay mucho trabajo para hacer y ese nunca ha sido el problema, Dios no esta preocupado en el “qué”, El esta más interesado en el “quién”, porque, qué hacer, hay demasiado, pero quien lo haga, hay pocos.

3. DIOS ESTA CONTIGO
Jesús les advirtió a sus discípulos que irían como corderos en medio de lobos.
El trabajo ministerial no es fácil, siempre habrán dificultades y momentos muy complicados. Siempre llegarán esas temporadas en las que nos preguntaremos si en verdad fue Dios quien nos llamó para servir en el ministerio; sin embargo, no importando que tan difícil sean esos momentos no debemos olvidar jamás que El ha prometido que siempre estará con nosotros y si Dios esta con nosotros ¿quién podrá contra nosotros?

4. EL SIEMPRE PROVEERA
Jesús les dijo que no llevaran bolsa, dinero ni sandalias.
Debemos recordar siempre que si fue Dios quien nos llamó y nos escogió para la obra del ministerio, El será quien se encargará de suplir y proveer todo lo que sea necesario a fin de que la obra que nos ha encomendado pueda llevarse a cabo. El es Dios, asi que debemos esperar de El siempre lo mejor y confiar en que la provisión llegará en el momento oportuno.

5. NO TE DISTRAIGAS
Jesús aconsejó a sus discípulos y les dijo que no se detuvieran a saludar a nadie en el camino.
En nuestro diario caminar nos encontraremos con muchas distracciones. Vivimos en tiempos donde muchas cosas compiten por cautivar nuestra atención y si no tenemos cuidado podemos fácilmente desenfocarnos e irnos poco a poco alejándonos de nuestro propósito y llamado. Cuando perdemos de conciencia las palabras que dan respuesta a la pregunta ¿por qué hago lo que hago? Es entonces que urge hacer un alto, evaluar y ver hacia dónde estamos yendo o hacia dónde nos están llevando los pasos que estamos dando y si es necesario, hacer los ajustes que se requieran para estar alineados con nuestro llamado.

6. SEAN SIEMPRE DE BENDICION
Jesús les dijo a sus discípulos que cada vez que llegaran a una casa lo primero que debían decir era “Paz a esta casa.”
Debemos procurar ser siempre gente idónea y oportuna. Ser de bendición para aquellos a quienes servimos y ministramos y para todos aquellos que están a nuestro alrededor.
La fidelidad sigue siendo el pre-requisito para que mayores oportunidades y responsabilidades de parte de Dios vengan a nosotros, recordemos que fue El quien dijo: “en lo poco has sido fiel, en lo mucho serás puesto.”

Un Viejo, un Muchacho, un Cuchillo y un Altar

“Saber tocar un instrumento no define una vida de adoración, sin embargo una vida de obediencia sí es la evidencia de un verdadero adorador”

En una historia de la Biblia en donde por primera vez se menciona la palabra “adoración” como tal, encontramos uno de los mas grandes y conocidos ejemplos de obediencia. ¿El responsable? Un viejo llamado Abraham. Imagino que al identificar este nombre recordaremos muchos sermones en donde nos hablaron sobre la obediencia de Abraham, o cuántos relatos habremos escuchado en las clases de escuela dominical sobre como Abraham estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo por obediencia a Dios, sin embargo no importando la cantidad de veces que quizás hayamos escuchado sobre esta historia todos llegamos a un común acuerdo  sobre la calidad y grado de obediencia que Abraham tuvo ante las peticiones de un Dios que lo único que le había pedido era la vida de su hijo Isaac.

Haciendo una pausa con la historia que involucra a estos personajes: Un viejo, un muchacho, un cuchillo y un altar, quiero mencionar otro punto. Por mucho tiempo se ha transmitido la idea de que para adorar a Dios es necesario un ambiente que involucre cantos, música e instrumentos, aclaro, esto no esta nada mal, sin embargo creo con todo mi corazón que la verdadera adoración va mucho mas allá de la música, va muchos mas allá de saber tocar un instrumento musical, va mas allá de conocer progresiones de acordes, bonitas melodías,  es más que simples letras bíblicas y espirituales. Limitar o encerrar el concepto de adoración a un único contexto musical es limitar nuestra responsabilidad como adoradores, si esto fuera así, entonces el numero de adoradores verdaderos estaría limitado a tan solo gente que sabe hacer música, y la verdad he conocido a muchos y muy buenos músicos que lo menos que son es verdaderos adoradores.

Ahora, quitando el dedo de la pausa y retomando a nuestros personajes: el viejo, el muchacho, el cuchillo y el altar, recordemos las palabras que dijo Abraham a sus siervos cuando llegaron al monte Moriah, que era el lugar en donde iba a sacrificar a su hijo Isaac, Abraham les dijo: “El muchacho y yo seguiremos adelante para adorar a Dios…” (Génesis 22:5 NVI). Al llegar al monte el ambiente era totalmente distinto a lo que seria un servicio de adoración actual, ahí no habían luces, equipos de sonidos, no habían instrumentos musicales, pantallas ni tampoco una batería puesta en el centro del escenario, ahí solo estaban un viejo, un muchacho, un cuchillo y un altar, todos dispuestos a cumplir con los deseos de Dios, obediencia pura en todo sentido, obediencia tanto de Abraham hacia Dios, pero también sujeción de un hijo hacia su padre, pues en ningún momento Isaac se opuso o se reveló ante lo que su papa se disponía a hacer con el. A eso Abraham llamo adoración.

La evidencia de un verdadero adorador no es cuan bien sabe cantar o que tan bien sabe ejecutar un instrumento, sino cuan obediente es hacia las palabras de Dios.

“La verdadera obediencia es la mayor expresión de honra que podemos elevar a nuestro Dios.”

Si de Mi Depende

“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.”

– Romanos 12:18

Esta cita de Romanos siempre ha sido y es para mi un completo reto, ya que desde las perspectiva bíblica no es necesario encontrar a un culpable para pedir perdón por alguna ofensa, sino que basta con tener el deseo para tomar en nuestras manos la responsabilidad de procurar la paz con todos.

La palabra “procurar” da aún más peso a este principio, ya que no deja simplemente la intención de buscar la paz con todos a un solo hecho de saberlo, sino que incluye la acción de nuestra parte, acción que implica esfuerzo, diligencia e intención de que suceda.

El diccionario define la palabra procurar como: Hacer diligencias o esfuerzos para que suceda lo que se expresa. Así que el procurar estar en paz con todos, depende de nosotros y requiere de esfuerzos intencionados de nuestra parte para lograr dicha paz.

En cuanto de nosotros dependa, no es necesario señalar a un culpable, basta con saber y estar concientes que algo podemos hacer para que todo este en paz, basta con saber que algo podemos ceder para lograr paz entre nosotros.

Dios nos llamo a paz y no a contiendas, así que si sabemos como las cosas debieran de ser, la demanda recae en nosotros, aun cuando a nuestro propio criterio no seamos culpables. Por lo general en una discusión ambas partes involucradas se dicen ser victimas el uno del otro, pero ninguno se llama así victimario, creo que hace falta quienes tomen la responsabilidad en sus manos y provocar una diferencia.

Para concluir este pensamiento quiero decir que no tomar ninguna acción en esto podría incurrir en culpabilidad para nosotros, porque si sabiendo hacer el bien no lo hacemos, esto nos puede ser contado por pecado.

“y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.”

– Santiago 4:17

Todavía hay mucho por decir, tanto de que hablar, pero me aferro a la idea de que esto es suficiente como para hacernos reflexionar sobre nuestra disposición hacia la paz.

¿Qué Hacemos con lo que Aprendemos?

Sin duda alguna el crecimiento es influenciado en gran parte por el aprendizaje continuo.
“Se dice que en el momento que se deja de aprender, es cuando se comienza a morir.”

Es necesario recordar constantemente lo relevante que es para el ser humano mantener una mente abierta para el aprendizaje, ya que de esa forma podemos mantenernos actualizados y preparados para los retos que surgen cada día.

Ahora bien, si el crecimiento es afectado en su mayoría por lo que aprendemos, el éxito dependerá de la habilidad de mejorarnos continuamente. Esta verdad nos lleva a considerar que el mejoramiento continuo pende básicamente de tres aspectos: Lo que aprendemos, Cómo lo aprendemos y Qué hacemos con lo que aprendemos. Este ultimo aspecto: ¿Qué hacemos con lo que aprendemos? Se convierte en la pregunta que muchos con seguridad tenemos en común, me incluyo totalmente a este cuestionamiento ya que también me considero alguien que mantiene una mente ocupada en el habito de aprender todos los días.

Amo la lectura, me encanta leer libros, libros que me ayudan a agilizar y agudizar mi mente, mi lógica y mi razonamiento, libros que hablan sobre temas específicos de mi interés personal. Por cerca de 20 años he invertido mi dinero en adquirir muchos ejemplares que hoy forman parte de mi biblioteca personal, lo digo de esta manera, porque de alguna forma me siento muy a gusto con mi inversión en este sentido, sin embargo hace unas semanas mientras me encontraba leyendo hice una pausa y me hice esta pregunta: ¿Qué hago con lo que estoy aprendiendo? Por unos minutos me sentí confrontado y me vi obligado a detener mi lectura para encontrar una respuesta a esta pregunta, una respuesta que aliviara mi repentina preocupación de ser tan solo un consumidor de información.
“Si lo que aprendo no beneficia a otros, entonces tan solo soy un consumidor de información.”
Estas fueron las palabras que saltaron en mi mente como respuesta a mi pregunta, palabras que me hicieron reflexionar profundamente en lo que estoy aprendiendo y a evaluar de qué forma me beneficia aquello en que invierto mi tiempo, dinero, energías y mente.

Determinar el impacto positivo de lo que aprendo, es importante, pero mas relevante aun, es considerar de qué forma beneficia a aquellos con quienes tengo contacto. Si lo que aprendo hace de otros mejores personas, si lo que aprendo agrega valor a quienes me rodean, entonces ¡quiero seguir aprendiendo! quiero poder dar a otros respuestas que pueden afectar sus vidas de forma positiva.
“Lo que aprendemos no es importante hasta que sabemos como aplicar lo que aprendemos.”

La Hora Novena

Durante el primer mes de este 2011 nuestra congregación participo de un tiempo de oración, cada ministerio, cada departamento y cada equipo de trabajo invirtió varias horas en intercesión por varios objetivos locales. En este tiempo compartí algunas ideas básicas y practicas sobre la importancia de la oración, asique de estos tiempos se desprende este pensamiento sobre La Hora Novena.

Todos en nuestra agenda diaria tenemos tiempos determinados y definidos en los cuales nos proponemos llevar a cabo ciertas actividades, por ejemplo: aquellos que aun van a la escuela tienen una hora especifica en la que deben presentarse a sus clases, los que trabajan tienen una hora exacta para presentarse a trabajar y una hora determinada para su salida, otros tienen horas establecidas para comer, hacer deporte, ver televisión y aun en nuestras iglesias tenemos tiempos acordados para realizar nuestros servicios, reuniones de trabajo, estudios bíblicos en hogares, etc. Definitivamente todos tenemos un tiempo específico para algo.

El libro de Hechos 3:1 dice de esta forma: “Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración.”

En la cultura hebrea los judíos tenían horas establecidas y determinadas por la ley como horas de oración, asique cada judío llegada la hora de la oración debía dejar a un lado cualquier cosa que se encontrara haciendo y dedicarse a la oración, por lo tanto, la hora novena que menciona Hechos en su capítulo tres es también una de esas horas, la hora de la oración.

En esta historia la Biblia describe que Pedro y Juan subían al templo a la hora novena, la hora de la oración y en su camino se encontraron en la puerta del templo a un hombre que era cojo de nacimiento. En su encuentro con este hombre el Espiritu Santo a través de Pedro y Juan trajo la sanidad a este hombre quien al recibir su milagro, de un salto se levanto y entro gritando y danzando en el templo de gozo por el milagro de su sanidad.

Para cada uno de estos tres hombres: Pedro, Juan y el cojo, la hora novena, la hora de la oración significó diferentes cosas. Para Pedro y Juan la hora novena, la hora de oración significó la oportunidad de ser usados por Dios para el milagro. Estos discípulos de Cristo, de no haberse encontrado en camino al templo para orar, quizás no hubiesen podido ser usados por Dios y convertirse así en autores de uno de los milagros más conocidos en la Biblia. Para Pedro y Juan, el tener tiempos definidos para la oración los calificó delante de Dios para ser usados.

El cojo, aun cuando era ayudado por otros para llegar al templo y a pesar de su condición física, siempre se encontraba a la puerta del templo. Para este cojo, la hora novena, la hora de la oración significó la hora de su milagro. De no haberse encontrado a la puerta del templo a la hora exacta en la que Pedro y Juan subían al templo, a la hora novena, la hora de la oración, quizás nunca hubiese podido recibir su milagro. La hora novena para este hombre significó el momento de su sanidad.

Para cada uno de nosotros la hora novena, la hora de la oración puede significar el momento para ser usados por Dios, puede significar el momento de recibir los milagros de Dios. La oración nos habilita delante de Dios para ser usados por El. La oración nos permite recibir los milagros que Dios tiene para cada uno de nosotros.

Todos deberíamos procurar el incluir en nuestras agendas, en nuestros horarios y en nuestras rutinas diarias, tiempos de oración, tiempos que nos habiliten para ser usados por Dios, tiempos que nos permitan recibir lo que Dios tiene para nosotros.